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Test de depresión posparto: qué mide la Escala de Edimburgo (EPDS) y cómo interpretar tu resultado

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Test de depresión posparto: qué mide la Escala de Edimburgo (EPDS) y cómo interpretar tu resultado
Foto de Eric Moura en Pexels

Buscar un test de depresión posparto casi nunca ocurre en las primeras semanas: llega después, cuando el cansancio que se esperaba no cede, y una nueva madre empieza a preguntarse si lo que siente es más que el ajuste normal de tener un recién nacido. La pregunta detrás casi siempre es la misma: ¿esto que siento tiene nombre, o es solo lo que le pasa a cualquiera con un bebé de semanas? El instrumento más usado para poner algo de estructura a esa pregunta es la Escala de Depresión Postnatal de Edimburgo (EPDS, por su sigla en inglés), un cuestionario que Chile incorporó al control de salud del posparto dentro del programa Chile Crece Contigo, precisamente porque ayuda a detectar casos que de otro modo pasan inadvertidos.

En este artículo revisamos qué mide realmente el EPDS, cómo está construido y por qué evita preguntas que confundirían el cansancio propio de cuidar a un recién nacido con depresión, cómo se interpreta el puntaje, por qué incluye una pregunta directa sobre pensamientos de hacerte daño, y qué hacer si tu resultado sale alto.

¿Qué es la Escala de Depresión Postnatal de Edimburgo (EPDS)?

El EPDS es un cuestionario de autorreporte de 10 preguntas que evalúa cómo se ha sentido una mujer durante los últimos siete días. Lo desarrollaron John Cox, Jenny Holden y Ruth Sagovsky, y lo publicaron en 1987 en el British Journal of Psychiatry como una herramienta pensada específicamente para el periodo perinatal, a diferencia de las escalas generales de depresión que se usaban hasta entonces. Con los años se validó también para el embarazo, no solo para después del parto, por lo que en varios países se le llama escala de depresión perinatal. Se ha traducido y adaptado a decenas de idiomas, incluidas distintas variantes del español, lo que explica que hoy sea uno de los instrumentos de tamizaje más usados en los sistemas de salud de habla hispana, Chile incluido.

Como cualquier test de este tipo, el EPDS no diagnostica: es un instrumento de tamizaje, diseñado para identificar a quién conviene evaluar con más detalle, no para reemplazar esa evaluación. Un puntaje alto señala que tus síntomas se parecen al patrón que la escala busca, no que ya tengas un diagnóstico cerrado.

¿Cómo funciona el test y qué preguntas incluye?

Las 10 preguntas cubren aspectos como la capacidad de reírte o ver el lado divertido de las cosas, si has disfrutado anticipar algo, si te has culpado sin motivo claro, si has sentido ansiedad o preocupación sin razón aparente, si has sentido pánico o mucho miedo sin motivo evidente, si las cosas se te han hecho difíciles de manejar, si la tristeza te ha quitado el sueño, si te has sentido triste o desdichada, si has llorado sin razón aparente y, en la última pregunta, si se te ha ocurrido la idea de hacerte daño. Cada respuesta tiene cuatro alternativas que se puntúan de 0 a 3, con lo que el puntaje total va de 0 a 30.

La decisión de diseño que distingue al EPDS de otras escalas de depresión es lo que deliberadamente deja afuera: no pregunta por cambios de apetito, alteraciones del sueño ni fatiga física, porque esos síntomas son casi universales en cualquier madre que está cuidando a un recién nacido, tenga o no depresión, y su presencia distorsionaría el resultado hacia falsos positivos. Al concentrarse en el ánimo, la culpa, la ansiedad y la anhedonia, el test intenta aislar la señal que sí distingue un cuadro depresivo del agotamiento esperable del posparto.

¿Cuándo conviene tomar el test?

El EPDS se diseñó para aplicarse en cualquier momento entre el embarazo y el primer año tras el parto, aunque el uso más habitual es entre las semanas dos y ocho después de nacer el bebé, que es cuando el llamado baby blues —ese bajón anímico breve y frecuente en los primeros días— ya debería haber cedido. Si los síntomas persisten más allá de esas primeras dos semanas, o si aparecen recién en el segundo o tercer mes, tomar el test tiene sentido en cualquiera de esos momentos: no hay una única ventana correcta, y muchos protocolos de salud lo repiten en más de un control.

Tampoco hace falta esperar a un control programado para tomarlo. Puedes responderlo apenas te preguntes si lo que sientes va más allá del cansancio esperable, y llevar el resultado a la conversación con quien te esté acompañando en el posparto.

¿Cómo se interpreta el puntaje del EPDS?

En el estudio de validación original, un puntaje de 13 o más identificó con buena sensibilidad a las mujeres con un cuadro depresivo probable, y ese corte —a veces citado como 12/13— es el que más se repite en la literatura y en las guías clínicas que adoptaron la escala después. Algunos protocolos de salud pública usan un umbral algo más bajo para no dejar fuera casos reales, aceptando a cambio más falsos positivos: la lógica detrás es que, en tamizaje, es preferible derivar a alguien que no lo necesitaba que dejar sin apoyo a alguien que sí.

Hay una excepción que no depende del puntaje total: cualquier respuesta distinta de cero en la última pregunta, la que consulta por pensamientos de hacerte daño, se trata como una señal que amerita seguimiento inmediato, sin importar cuánto sume el resto del cuestionario. Es la razón por la que en los protocolos de salud esa pregunta se revisa aparte, antes de calcular el total.

¿Por qué el EPDS pregunta directamente por pensamientos de hacerte daño?

La depresión posparto puede acompañarse de pensamientos de autolesión, y muchas mujeres no los mencionan por vergüenza, miedo a que las juzguen como madres o temor a que les quiten a su hijo. Incluir la pregunta de forma directa, dentro de un cuestionario estructurado, le da a la persona una forma de nombrar eso sin tener que decirlo primero en voz alta, y le da al equipo de salud una manera concreta de detectarlo aunque no aparezca en la conversación.

Si al responder esa pregunta reconoces que has tenido la idea de hacerte daño, o si en este momento sientes ese impulso, no hace falta esperar el resultado completo del test: en Chile puedes llamar a la línea *4141 (Salud Responde), disponible las 24 horas, o acudir a un servicio de urgencia si el riesgo es inmediato. Contárselo a la matrona, el pediatra o el médico que te controla también cuenta como pedir ayuda, y es exactamente para eso que existe esa pregunta en el test.

¿Qué diferencia hay entre el EPDS y un test de depresión general?

Nuestra guía sobre tests de depresión explica cómo funcionan escalas generales como el PHQ-9, que sí incluyen preguntas sobre sueño, apetito y energía porque están pensadas para población general. Aplicadas tal cual a una mujer en el posparto, esas preguntas capturan síntomas que tiene casi cualquier persona que duerme por tramos de tres horas, así que el resultado tiende a sobreestimar el riesgo. El EPDS resuelve ese problema al construirse específicamente para el contexto perinatal, y por eso es el que usan los controles de salud del posparto en vez de una escala genérica.

Eso no significa que el EPDS sea infalible ni que sustituya una evaluación clínica completa: sigue siendo un cuestionario de autorreporte, sensible al estado de ánimo del día en que se responde y a cuánto esté dispuesta la persona a reconocer lo que siente en ese momento.

¿Un puntaje alto en el EPDS significa que tengo depresión posparto?

No de forma automática. Un puntaje alto es un punto de partida para una conversación, no un diagnóstico. Cuadros como la ansiedad perinatal, el trastorno adaptativo o incluso el llamado "baby blues" —un decaimiento transitorio y frecuente en la primera semana tras el parto, que suele resolverse solo— pueden elevar el puntaje sin que se trate de una depresión posparto propiamente dicha. Nuestra nota sobre depresión puerperal: cómo identificarla, prevenirla y abordarla repasa esas diferencias con más detalle y qué señales conviene observar en las primeras semanas.

Distinguir entre esos cuadros —y confirmar o descartar uno depresivo— es un trabajo clínico que corresponde a un profesional que pueda evaluar el contexto completo: cuánto tiempo llevan los síntomas, qué tan intensos son, qué otros factores están en juego. Un test, por bien diseñado que esté, no reemplaza esa mirada.

¿Qué hacer si tu resultado indica un puntaje alto?

Lo primero es conversarlo con quien te esté controlando en el posparto —matrona, pediatra o médico tratante— o directamente con un psicólogo. Si ya tuviste tu control de los dos meses dentro de Chile Crece Contigo, es probable que te hayan aplicado el EPDS ahí mismo; si no, puedes pedirlo en tu centro de salud. Si prefieres partir por una consulta particular, nuestra guía sobre cómo elegir un buen psicólogo repasa qué preguntar antes de agendar la primera sesión.

Contarle a tu pareja, a tu madre o a quien te esté ayudando con el bebé también ayuda, aunque no reemplace la conversación con un profesional: sostener sola la sospecha de que algo no anda bien suele agrandar la sensación de aislamiento, que es justamente uno de los factores que complica la recuperación. Pedir que alguien te acompañe a la primera consulta, o que se haga cargo de un par de horas para que puedas ir, es una forma concreta de ayuda que no depende del sistema de salud.

Vale la pena decirlo con todas sus letras: pedir ayuda en el posparto no es un fracaso ni una señal de que no puedes con la maternidad. Es el mismo tipo de decisión que tomarías frente a cualquier otro síntoma físico que no cede solo, y entre antes se conversa, antes suele mejorar.

El EPDS ordena una sospecha, no cierra el diagnóstico

El valor del EPDS está en darle forma a algo que, sin un instrumento así, es fácil de minimizar o de atribuir por completo al cansancio de tener un bebé recién nacido. Diez preguntas y un puntaje son un punto de partida útil para pedir ayuda a tiempo, no una etiqueta que resuma toda tu experiencia como madre. Esa conversación con alguien capacitado para leer el contexto completo —algo que ningún cuestionario alcanza a ver por sí solo— es la que realmente puede orientar qué sigue.

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